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Opinión | Sacrificio, por Luis Rúa-Figueroa

Luis Rúa Figueroa Aguas de Telde

Sacrificio; según el diccionario de la RAE, este término tiene varias acepciones, casi todas, relacionadas con lo sacrílego (supongo que de ahí la raíz etimológica). Sin embargo, según el “dios” que todo lo ve y todo lo sabe y es casi igualmente omnisciente, Google, nos revela que sacrificio es el “esfuerzo, pena, acción o trabajo que una persona se impone a sí misma por conseguir o merecer algo o para beneficiar a alguien”. Me gusta más esta definición, porque es la idea del sacrificio que deseo plasmar en estas líneas.

Seguramente, al pensar en esta palabra, todos tenemos en mente acciones épicas, a menudo de carácter legendario y con una fuerte carga emotiva, que beben de fuentes históricas o de ficción, sacadas de la literatura, del cine o acciones más cotidianas, pero de igual dimensión que proceden de la vida misma.

El sacrificio puede ser de carácter sacrílego y universal, como decía al principio, como el de Cristo en la Cruz; absurdo, como el de la carga de la brigada ligera de Balaclava o heroico y épico, como el de Leónidas y sus 300 espartanos en las Termópilas. Todos estos sacrificios dejan una huella indeleble en la historia y sirven de inspiración para que la humanidad siga dando lo mejor de sí.

Pero dejando de lado la historia y las acciones valerosas que impongan un sacrificio, que entrañe un alto riesgo físico, incluso que pueda ser pagado con la propia vida, existen otros sacrificios más prosaicos, pero no menos eminentes. Son igualmente heroicos, igualmente abnegados, igualmente denodados.

Son pequeños actos que, realizados por toda una comunidad, conforman un todo de una dimensión incluso mayor que la suma de las partes.

Son actos cotidianos que realizan, diariamente, personas cuya actividad requiere a menudo de grandes esfuerzos y no menos sacrificios; me refiero, por supuesto, a sanitarios, bomberos, fuerzas y cuerpos de seguridad, mantenimiento de servicios básicos, etc. Pero también a personas “normales y corrientes”, personas como la mayoría de nosotros, que estos días hemos tenido que realizar sacrificios. No estoy comparando esos sacrificios con grandes gestas, no llamo a la épica ni es mi intención ponerlos a la altura de los enormes esfuerzos a los que se han visto sometidos los grupos que he nombrado anteriormente, pero es evidente que a todos nos ha tocado renunciar a algo, o realizar actos que siendo más triviales, han requerido de algún esfuerzo por nuestra parte.

Todos habremos renunciado a ver a algún ser querido durante semanas o a estar encerrados en casa, a menudo en pequeños espacios; otros, por desgracia, no habrán podido despedir a sus seres queridos como quisieran, otros habrán tenido que ir a hospitales a realizarse algún tratamiento con el miedo en el cuerpo y sin poder ir acompañados… se me ocurren multitud de casos y seguramente que usted querido lector, también habrá hecho más de uno.

Por ello, leer estos días que el Gobierno canario haya concedido el Premio Canarias 2020 a todos los ciudadanos canarios por su responsabilidad y comportamiento durante la crisis derivada del coronavirus, con un especial reconocimiento a los 160 fallecidos por esta enfermedad, me parece todo un acierto.

Probablemente, Canarias se haya librado de los devastadores efectos que ha tenido esta pandemia, gracias en gran parte, a su aislamiento y en parte también, por sus magníficos profesionales, que han dado anteriormente extraordinarias muestras de sacrificio e inmensa capacidad, como puedan ser los servicios de extinción de incendios o el Ejercito en general.

Sin embargo, la responsabilidad que ha demostrado la inmensa mayoría de la población canaria (con las lógicas excepciones) estas semanas es digno de elogio. Contemplar las imágenes, en los momentos más duros del confinamiento, de zonas de grandes aglomeraciones, normalmente atestadas de individuos, familias, turistas,..vacías, ha sido a la vez desolador y esperanzador. Desolador, porque esas imágenes, distópicas si me permiten la expresión, permanecerán en la retina de todos los canarios para siempre, son testimonio de la vulnerabilidad del ser humano ante la rebelión de la naturaleza, pero esperanzador a su vez, como digo, porque una población que ya no es tan disciplinada como antaño, con tendencia incluso al relajo, se ha comportado de manera valiente y responsable y ha propiciado que seamos una de las regiones con menor impacto del COVID19 (y esperemos que siga así).

Pero me van a permitir detenerme en unos de esos colectivos y del que orgullosamente formo parte: el del mantenimiento de los servicios básicos, en este caso el abastecimiento y saneamiento de agua.

Lo conforma un grupo de profesionales que estos días ha tenido que permanecer en sus puestos de trabajo sin posibilidad de teletrabajo, a menudo no exentos de riesgo, con jornadas más largas de lo habitual y turnos rotativos interminables, con el único objetivo de asegurar el suministro de un bien básico a la población, como es el agua, todavía más esencial, si cabe, por la necesidad de reforzar las condiciones higiénicas de todo lo que nos rodea.

En este sentido solo puedo alabar la labor de todos los profesionales que integran, en este caso, por la parte que me toca, la compañía del ciclo integral del agua en Telde, Aguas de Telde. Esta pandemia no ha impedido que Aguas de Telde realizara su fin básico y primordial, el aseguramiento del suministro de agua y su posterior depuración con plenas garantías, tanto en Telde como en Valsequillo.

«Los 5 de Aguas de Telde»

Sin embargo, como toda historia se asienta sobre hechos realizados por personas concretas, quiero centrarme en 5 personas que con su sacrificio, han contribuido a garantizar este servicio esencial. 5 compañeros que han permanecido 2 meses confinados (en diferentes turnos semanales y por parejas) en dos caravanas en la desaladora de Telde.

Semanas que han permanecido en soledad (no podrían tener contacto con su compañero) alejados de su familia y con la única misión de asegurar el funcionamiento de esta planta desaladora. Interminables jornadas, entre libros, series (bendita Internet) ejercicio y por supuesto, manteniendo la operación y vigilancia de esta infraestructura crítica para el suministro de agua a más de 100.000 personas.

Durante las visitas que he realizado estas semanas, he podido conocer más de cerca a estos compañeros, conocer sus vidas y sus circunstancias personales, haciendo más patente su sacrificio, su ejemplaridad y su compromiso, con esta compañía y en definitiva, con la ciudad de Telde.

En el momento que escribo estas líneas, quedan unos pocos minutos para dar por terminada esta fase de confinamiento, si bien la compañía seguirá en un modo de operación adaptada, por prudencia, con la única finalidad de garantizar el abastecimiento de agua. En cualquier caso, este episodio quedará grabado en nuestra memoria y en la del resto de compañeros como otro ejemplo (más) de compromiso y servicio de las personas que integran este espléndido colectivo.

Por todo ello; Juan, Yeray, Yauci, Juan Antonio y Samuel, gracias de todo corazón por vuestro sacrificio.

PD: Estas líneas están dedicadas a todos los trabajadores de Aguas de Telde. Si bien he personalizado el artículo en la acción de estos 5 compañeros, no es menos cierto que sin en el trabajo y dedicación del resto de la plantilla, su sacrificio hubiera sido en vano.

Por Luis Rúa-Figueroa Rodríguez |   @LuisRuaACDC

Aguas de Telde GIS SA

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